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Domustempli

1. El marco fundacional de la Militia Christi

L

a aparición de la Orden de la Caballería del Templo, vulgarmente llamada y conocida como Orden del Temple, debe enmarcarse en el contexto de la Primera Cruzada, predicada por el papa Urbano II el 27 de noviembre de 1095 en el Concilio de Clermont al objeto de mover a los príncipes cristianos a la recuperación de Tierra Santa y restablecer el a menudo beneficioso flujo de peregrinos, interrumpido, tras un largo periodo de libre acceso, por la llegada y asentamiento en la región durante el último tercio del siglo XI de los turcos seldyukíes, más intolerantes que sus predecesores.

Tras ser construida en Jerusalén la basílica del Santo Sepulcro, en el año 335, se había iniciado hacia Tierra Santa un flujo de peregrinos occidentales tan grande que se hizo necesario instalar posadas y hospitales para acogerlos. Esta situación continuó en aumento durante todo el periodo bizantino. Los musulmanes, dueños de Siria-Palestina desde finales del siglo VII, fueron tolerantes por regla general con los peregrinos, aunque cobraban una especie de impuesto. Pero en 1077, con la irrupción de los turcos seldyukíes se inició un periodo de grave opresión que llevó a la cristiandad occidental al planteamiento de las cruzadas.

Las operaciones militares, iniciadas con la partida del contigente militar de los cruzados hacia oriente el 15 de Agosto de 1096, culminaron el 15 de julio de 1099 con la toma de Jerusalén al asalto y unos días después (22 de julio) con la creación del Reino Latino de Jerusalén, cuya corona ofrecieron los nobles a Godofredo de Bouillon, Duque de la Baja Lorena, quien, rechazando el título de rey, la aceptó como “Advocatus Sancti Sepulchri” (Defensor del Santo Sepulcro).

Conseguido el objetivo inicial de la Cruzada -la recuperación de los Santos Lugares- y restablecido el acceso de los peregrinos a Tierra Santa, no habían terminado las dificultades logísticas, pues habiendo regresado a sus lugares de origen una buena parte de aquél contingente militar cruzado, había que mantener la ocupación militar en un amplio territorio generalmente hostil, además de tener que organizar la administración del Reino, estructurado políticamente en una serie de dominios territoriales de carácter feudal regidos por príncipes cristianos europeos que durarían hasta 1187. A pesar de abrirse un periodo de acceso sin restricciones a Tierra Santa, sólo nominalmente libre de la amenaza turca, los peregrinos, aún yendo en grupos numerosos, se veían asaltados por “guerrilleros” –las fuentes simpre los han denominado latrones, pero no ha de entenerse en el sentido de ladrones- y salteadores de caminos en su ruta de Jaffa a Jerusalén, lo que constituía un motivo de preocupación para los nuevos gobernantes. Esta va a ser la etapa de formación de las grandes órdenes militares de la cristiandad occidental, como el Hospital de San Juan de Jerusalén o la Caballería del Templo, nacidas para albergar los primeros y proteger los segundos a los peregrinos que llegaban a Tierra Santa, puesto que seguían expuestos a asaltos y violencias en los caminos por parte de los musulmanes.

En este período histórico se inicia también un gigantesco tráfico de reliquias o supuestas reliquias procedentes de medio oriente que a veces llega a hacer intervenir a los Papas para limitar lo que se llega a convertir en algún momento en situaciones propias de la picaresca y del timo más burdo. En este ambiente y para proteger a los peregrinos en su tránsito por dichas rutas es para lo que se fundó, si hemos de creer a las fuentes contemporáneas, la Caballería del Templo.

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